La piel que te envuelve es el órgano más grande del cuerpo y funciona maravillosamente… te invito a conocerla.

La piel protege tus órganos internos y te comunica con el exterior, es tu mejor vestido, abrigo e impermeable. Gracias a ella puedes sentir en la mano el peligro de una flama para alejarte de ella, o una caricia amorosa, es resultado de la especialización de la vida a través de las eras; sofisticada y perfecta. Al tacto y a simple vista la piel humana parece lisa, llana y aterciopelada, pero en realidad, vista con lupa, presenta pliegues, surcos, hendiduras y pequeñas salientes, como los de la piel del cocodrilo. Si te acercas más, con un microscopio, verás miles de células muertas, aplanadas cual escamas que continuamente se desprenden de la superficie, y si te acercas todavía más verás cientos de miles de microorganismos que viven en armonía con tu piel sin entrar al cuerpo.

Para reponer la piel perdida, más abajo, una hilera de células está dividiéndose continuamente y formando nuevas células. En mes y medio cada fila de células nuevas sube a la superficie y renueva la capa externa de la piel. Todas estas células son alimentadas por kilómetros de vasos sanguíneos conectados por toda la piel. Imagina: 72 kilómetros de nervios en tu piel, el equivalente a la distancia de México a Cuernavaca, nos ayudan a reconocer las sensaciones de presión, y temperatura. Las palmas de las manos, las plantas de los pies, los labios y la lengua tienen más terminales nerviosas que el resto del cuerpo para reconocer lo que tocas, pisas o comes.

La piel es nuestro sistema de calefacción y enfriamiento para mantener los 37°C que nos mantienen vivos, a través de la red de vasos sanguíneos de la piel que lleva 1/3 de la sangre caliente bombeada por el corazón. A veces estos vasos sanguíneos se expanden para liberar el calor o se contraen para retenerlo, pero esto no siempre es suficiente. Por ejemplo, cuando hacemos ejercicio podemos elevar varios grados nuestra temperatura, lo cual sería mortal si no fuera por el sudor, más de 2 millones de poros cruzan nuestra piel y pueden producir hasta 1 ½ litros de líquido en una hora. Las gotas calientes se evaporan en el aire y dejan al cuerpo fresco. Cuando hace frío, músculos diminutos tensan nuestros vellos y hacen un abultamiento en la superficie, “me puse chinita” o “se me puso la piel de gallina” decimos.